31 de octubre de 2009

Segunda temporada del Grupo de Teatro La Salle

REVISTA NORAY – CURSO 2006/2007

Acabaron las vacaciones de verano y todo volvió a la rutina diaria. Y fue entonces cuando sucedió. Nos planteamos que “El hombre…” volviera a los escenarios como un fénix que renace de sus cenizas.

Los primeros ensayos fueron duros, recuperando poco a poco el espíritu de la obra y todos los pequeños detalles que en esos cuatro meses de diversión se nos había olvidado. Poco a poco, a base de ensayos lo logramos y en octubre representamos tres veces más con un maravilloso éxito.

En Octubre nos tocó repetir «El Hombre de la Mancha». Las representaciones de Mayo 2006 habían gustado mucho, así que tendríamos que, como mínimo, igualar para no defraudar a un público que nos ha apoyado en todas nuestras actuaciones. Surgió la dificultad de que es escenario se había ampliado, por lo que tuvimos que adaptarnos a las nuevas medidas, pero con unas horitas de más ensayando lo resolvimos, y de nuevo estábamos preparados para darlo todo. Tres días representando a toda máquina, un fin de semana en el que volvimos a hacer disfrutar a un público que es nuestra motivación para trabajar. A ese público, GRACIAS.
Sergio Pulito (Cervantes/Quijote; Dios, Pueblo)

Después llegó el momento decisivo, el momento en que se clausuró nuestro «hombre de la mancha» y comenzamos la nueva obra. Tras muchas vueltas, al final decidimos entre varias opciones, elegir «el diluvio que viene», una divertida comedia.
Los ensayos fueron duros y tremendamente divertidos. La obra en principio parecía sencilla pero resultó que era un poco más difícil de lo que creímos. Al final tras una gran cantidad de ensayos la obra comenzó a fluir y ya no hubo forma de pararlo. Y por fin estrenamos y descubrimos que nuestro esfuerzo había merecido la pena en todos los aspectos.
Juan Manuel Campuzano (Cardenal, pueblo)

Si quisiésemos hablar del Diluvio que Viene, habría muchas aspectos sobre los que hablar y partes que comentar. Muchos detalles a los que hacer referencia y que en conjunto, hacen de este musical un desafío colectivo e individual. Una gran manifestación de capacidad y coordinación.

Pero de entre todas esas cosas una de las que más me sorprende: la complejidad general de una obra que ha exigido de la colaboración de todos para lograr un resultado, que a la vista está, es excepcional.

Si en el Hombre de la Mancha el desafío estaba en los movimientos escénicos, en esta obra, creo personalmente, el desafío ha estado en la música y en los bailes; aspectos que en el Hombre no destacaban tanto. Ciertamente el Diluvio nos ha puesto a prueba a la hora de cantar y bailar.

La música ha sido cien por cien en directo, todas las representaciones. Este hecho exige de los actores un esfuerzo especial por mantener la voz sobre la música, seguir actuando, y en más de una y de dos ocasiones, bailar al mismo tiempo. Además este año hemos contado con dos grandes novedades en el aspecto del sonido y la música, a parte de las voces en directo. A saber: la introducción de micrófonos individuales para los actores principales y un coro mixto, compuesto por alumnos de la ESO, que apoyaba y reforzaba las voces de todo el elenco.

Muchos cuando empezamos a trabajar, allá por Enero, no nos imaginamos que la realización de los bailes nos iba a costar tanto trabajo y esfuerzo colectivo. Todos y cada uno de los bailes y coreografías han sido creadas íntegramente por el elenco de actores. Pero la impresión general sobre nuestro comportamiento a la hora de bailar, ha sido que a pesar de que algunos son, o somos, más patoso que otros hemos sabido pasar la prueba con holgura.

Aunque más que una prueba de nuestra capacidad para bailar, actuar y cantar, el Diluvio que Viene ha sido una verdadera demostración de que, aunque con pocos medios, somos capaces de realizar aquello que nos proponemos.

Quizá algunos crean que no se puede más y que hemos dado todo lo que podíamos. Pero soy de los que piensan que nos podemos superar una vez más, y regalar al público y regalarnos a nosotros mismos un poco de una ficción, que durante casi tres horas, se convierte en realidad.
Javier Gómez San Miguel (Totó).

Desde cortinas la perspectiva es totalmente diferente; tienes que estar pendiente en todo momento de que este colocado en su sitio para que durante la representación no falte de nada.

También tienes que estar pendiente de que todos y cada uno de los personajes salga a escena en su momento. Toda esa tensión y esa presión es incalculable. Y cómo no, al tener demasiado nerviosismo en el cuerpo, es normal que de vez en cuando haya alguna discusión entre nosotros. Pero al final todos esos nervios y tensiones que existían durante las dos representaciones que se han realizado, es recompensado por los aplausos de las casi 700 personas que han pasado por el teatro del colegio para ver este musical. A todos ellos, gracias. Gracias por habernos dedicado una parte de vuestro tiempo. Hemos intentado que pasaran un buen rato con nosotros, un rato en el que se avecinaba un diluvio que al final pasó con mucho éxito. Al menos nosotros así lo vivimos.
Adrián Hoyos Real (Director de Escena, pueblo).

Por fin tras muchos ensayos, esfuerzo y algún que otro contratiempo hemos logrado estrenar con gran satisfacción tanto del público como de los actores y coro que lo formamos. Como pueblo (actores de reparto) creo que nos hemos esforzado mucho para llegar hasta donde hemos llegado. Al principio de los ensayos nos sentíamos un poco inseguros acerca de cómo quedaría, pero, a medida que avanzábamos e íbamos cogiendo confianza en nosotros mismos y en los compañeros, nos dimos cuenta de que juntos lo podíamos todo. Y así fue, llegó el día del estreno, hubo muchos nervios, pero al final de cada una de las funciones oímos los aplausos y comentarios, y sentimos que le había encantado al público y que valoraban todo nuestro esfuerzo. Lo habíamos logrado.
Mario Corada (pueblo).

Nosotros, el coro, lo vivimos con gran intensidad, ya que nuestros nervios podían hacer fallar la voz y la actuación de los actores. Aunque estuviésemos bastante lejos del escenario nos sentíamos como un protagonista más. Sabíamos que los aplausos también irían dirigidos hacia nosotros. Las muchas horas de trabajo y esfuerzo nos motivaron aún más a divertirnos y disfrutar en los momentos de la representación, formando parte de esta gran aldea que todos hemos conseguido crear.
Jorge Alonso Muriedas (coro).

Nuestra andadura empezó allá por Noviembre. Luces, sonido, cañones, coro… Todo arriba estaba preparado. Tras largas jornadas de risas y sacrificios llegó lo más esperado: los últimos ensayos, éstos fueron los más duros. La tensión se notaba en todos los rincones y, cómo no, en cabina surgieron los roces entre nosotros; luces contra sonido, sonido contra cañones, cañones contra coro… Último ensayo: nos había salido todo perfecto, sólo nos quedaba presentárselo a nuestro público. Teníamos todo preparado pero la tensión era impresionante, sabíamos que si algo pasaba en cabina, que si había algún fallo arriba iba a repercutir en toda la obra y eso nos llenaba de nervios y responsabilidad.

Las dificultades que fueron surgieron las superamos entre todos y así conseguimos que las personas que nos vieron a ver se pusieran en pie. Nuestro esfuerzo se vio recompensado con los cientos de personas que estuvieron en las representaciones. Nosotros, todos los que hicimos posible ese pequeño sueño y que pusimos nuestro granito de arena, aunque no se nos veía, habíamos visto como nuestros compañeros lo habían hecho genial y que la gente había disfrutado. Vimos las cosas que nadie pudo ver.
Patricia Fernández (técnica de luces).

Han sido muchos momentos, buenos y malos, los que hemos compartido esta compañía de teatro, y que ahora, al recordarlo, son capaces de hacernos esbozar una sonrisa. Arduas horas de trabajo que, en ocasiones, parecían inútiles, pero que haciendo ahora balance nos damos cuenta de su valor: hemos logrado, en cierta medida, desarrollar nuestra faceta interpretativa, y sobre todo y mucho más importante hemos aprendido a luchar y sacrificarnos por lo que queríamos, a empatizar con nuestros compañeros, a aceptar nuestros errores… hemos crecido como personas. No podemos olvidar en ningún momento que creemos que hemos cumplido con nuestro propósito. Hemos hecho disfrutar al público, tanto o más de lo que lo hemos hecho nosotros.

Nuestra aventura comenzó a principios de año, pensando que este reto sería más asequible que nuestro musical anterior, «el hombre de la mancha», veíamos que era una obra menos dramática que con los guiones estaba todo hecho; nonos dimos cuenta de lo que nos «venía» hasta bien avanzado nuestro proyecto.

Gracias a que somos una gran familia(ya sé que puede sonar tópico), nuestro «arca» llegó a buen puerto; gracias a todo el elenco de actores, principales o secundarios no importa, pues todos somos protagonistas; al coro; al equipo técnico de luces y sonido; a todos los colaboradores; a la voz y la paloma; y como no, a nuestro directos Chemi, hemos podido demostrar, dentro de nuestras posibilidades una gran comedia musical italiana de tres horas de duración, que, sin duda, no ha dejado a nadie indiferente.

Esperamos no haberos defraudado y que «hayáis dispuesto de un nuevo sitio para nosotros» en vuestros recuerdos.
Paula Hernández (Clementina).

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